Por la tarde el grupo de amigas se fueron de compras por las
estilosas tiendas de Londres, en busca de un vestido que llevar esa noche para
su fiesta de inauguración en esa preciosa ciudad. Buscaron vestidos por decenas
de tiendas y boutiques, pero ninguna encontraba alguno que la gustara de
verdad. Estaban cansadas y a punto de irse cuando pasaron por un escaparate de
una tienda pequeña. Allí estaban, los vestidos perfectos que se habían pasado
buscando toda la tarde. Pasaron a la tienda a probarse su vestido ideal.
Laura se compró uno rojo con un tirante que cruzaba su casi
exagerado escote, un cinturón negro sin hebilla que se ceñía a la cintura y que
además hacía juego con sus ojos oscuros y su media melena negra.
Stella, por su parte, eligió uno blanco con puntillas, algo
abombado a partir de las caderas, de manga francesa y con un corte recto en el
escote. Le quedaba francamente bien con sus gafas hipsters marrones, su pelo
medio liso que le caía por la espalda, y sus ojos color miel.
Bea, muy atrevida ella, escogió un vestido negro de palabra
de honor que le llegaba por encima de las rodillas, y tenía una raya dorada al
principio del escote. Conjuntaba perfectamente con sus rizos dorados, su piel
pálida y sus ojos castaños claros.
Alice fue la que más tardó en decidirse, pero finalmente se
decantó por un vestido azul celeste, liso hasta la cintura, donde se ajustaba
un cinturón finísimo de color plata, y a partir del cual el vestido tenía unos
volantes suaves que caían hasta las rodillas. El azul celeste realzaba su piel
morena y sus ojos claros de color verde. Las chicas estaban espectaculares, y,
contentas con sus compras, regresaron al apartamento a prepararse.
Estuvieron al menos dos horas poniéndose sus despampanantes
vestidos, maquillándose (unas más que otras), y preparando cada complemento
para estar rompedoras su primera noche de fiesta.
Laura llevaba su vestido rojo con el flequillo recogido con
horquillas, una sombra de ojos negra, unos zapatos de tacón de terciopelo negros
y un bolso acolchado de ese mismo color.
Stella se enfundó en su vestido de puntilla blanco y se dejó
el pelo suelto, se echó algo de rímel y un brillo de labios rosa chicle, con
unos tacones no muy altos color crema y un bolsito pequeño con plumas blancas
en la cremallera.
Bea se recogió con una trenza despeinada sus indomables
rizos, se puso su vestido negro con unos zapatos dorados, y lo conjuntó
perfectamente con sombra de ojos dorada, brillo de labios rojo claro y un bolso
negro con detalles dorados.
Alice, que fue la última en prepararse, se echó un poco de
raya y rímel, brillo de labios rosa y se
dejó su pelo rizado y castaño suelto. Se puso su vestido con unos
tacones blancos y un bolso largo celeste cuya correa era una cadenita de plata.
A las ocho y diez, más o menos, llegaron Isabel y Mary,
igual de guapas que las chicas. Isabel llevaba un vestido verde claro abombado
con detalles marrones, zapatos verdes oscuros y un bolso de fiesta marrón.
Mary, sin embargo, llevaba un vestido rosa chicle con muchos volantes y unos
pequeños tirantes, conjuntado con tacones y bolso blancos. Sin duda, esa noche
iban a triunfar.
-Bueno chicas, ¿dónde queréis ir primero?-Preguntó
entusiasmada Isabel a las demás chicas.
-Por mí, a la mejor discoteca que haya por aquí.-Respondió
Stella, con ganas de fiesta.
-Está bien, os voy a llevar a una buenísima, pero…tendremos
que coger un taxi.-Mary tenía las mismas ganas que todas de irse de fiesta, lo
que no había explicado es que la fiesta a la que iban era una un tanto
especial.
-FIN DEL CAPÍTULO 7-
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