Niall estaba allí delante,
impasible, sin un solo signo de expresión en su rostro. Con los músculos tensos
y la mirada ensombrecida.
-Niall por favor…-Alice se acercó
a él y le cogió la mano, pero éste la retiró en seguida.
-No tienes que explicarme nada,
ya sé que prefieres a Liam antes que a mí.
-No le prefiero, te quiero a ti
Niall, lo sabes de sobra…-Alice comenzó a llorar. De desesperación, de
tristeza, de impotencia. Porque sabía que le había perdido, que ya no
recuperaría a su duende nunca más.
-Niall, hazla caso, no es como tú
piensas…-Intervino Stella.
-Stella, no es cosa tuya.-Dijo
mirándola indiferente. Luego volvió la cabeza hacia Alice de nuevo.- Lo
entiendo, quieres más a Liam, no te culpo.-Niall forzó una sonrisa y añadió:
-Pero si ibas a jugar conmigo,
podrías habérmelo dicho.-Acto seguido se dio media vuelta y se dirigió a las
toallas, recogió sus cosas y se dispuso a marcharse de allí.
Estaba caminando por la arena
cuando Alice se interpuso en su camino.
-Déjame explicártelo…-Susurró
mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
-No hay nada que
explicar.-Contestó Niall secante mientras continuaba su camino.
-Sí que lo hay.-Alice agarró del
brazo a Niall y le obligó a darse la vuelta.- Eres mi amor platónico desde
hace… ¿Cinco, seis años? Te quiero a ti. A los demás también, es cierto, pero
no es lo mismo. Eres el amor de mi vida, la única persona con la que quiero
despertarme todas las malditas mañanas. Te amo Niall, nada ni nadie lo va a
cambiar.
Niall destensó los músculos por
un segundo y el brillo de sus ojos volvió a aparecer por un instante. Un solo
segundo que sirvió para que Alice sonriera de nuevo.
-Lo siento, tengo que irme.-Dijo
secante zafándose de Alice mientras un mar de lágrimas recorría sus mejillas,
desapareciendo de la playa, llevándose con él la felicidad de Alice, y una
parte de su vida.
*Unos
días más tarde*
Desde que sucedió la pelea de
Alice y Niall en la playa nada había vuelto a la normalidad. Liam y Niall, que
antes era mejores amigos, ni se hablaban. Niall ignoraba cada mensaje, cada
llamada, cada intento de recuperar su relación de Alice, que estaba destrozada.
La banda no paraba de pelear por culpa de las discusiones entre Niall y Liam,
por lo que los ensayos no cundían y su carrera se iba poco a poco a pique.
Cada vez que los chicos y las
chicas quedaban juntos siempre había una tensión palpable en el ambiente. Niall
estaba enfadado con todo el mundo y ya no parecía ese duende adorable y
simpático de siempre. Cuando alguien le hablaba de Alice simplemente le cortaba
y se iba a alguna parte, sin hacer caso de los consejos de sus amigos.
Alice no podía más, se odiaba a
sí misma por haber cometido ese error tan grande. ¿Tenía que haber sacado el
temita del beso? Si no se lo hubiera recordado a Stella todo eso no habría
pasado. A raíz de eso Alice se marchó de casa de Liam y se puso a trabajar para
poder alquilar un apartamento para ella, no quería molestar a ninguno de los
chicos metiéndose en casa de alguno de ellos.
Era lunes por la mañana cuando
Alice estaba cruzando el paso de cebra del centro para dirigirse a trabajar.
La contrataron en una cafetería
llamada “Monmouth Coffee”, en el Covent Garden. Era una cadena bastante famosa
allí donde pagaban bastante bien, y junto con el trabajo de profesora
particular para niños y los ahorros que tenía guardados, el sueldo la daba para
pagar la casa, la luz, el agua, la comida y los viajes en bus.
-Buenos días Abby.-Dijo Alice
cuando entró a la cafetería.
-Buenos días Alice.-Respondió su
compañera. Era una chica rubia, con el pelo corto y liso y los ojos color
caramelo. Tenía pecas por toda la cara, especialmente en la zona de la nariz.
Era algo tímida, pero extremadamente adorable y simpática, por lo que Alice y
ella se llevaban muy bien.
-¿Hay prevista reunión de
empleados hoy?-Dijo Alice mientras se recogía el pelo en una coleta y se ponía
un delantal de rayas blancas y crema.
-No me he enterado muy bien, pero
por lo visto quieren echar a alguien.
-¿En serio?
Abby asintió y dijo:
-Reducción de plantilla.
-Hola chicas, ¿trabajaréis duro
hoy, no?-Justo en ese momento su jefe Max apareció por la puerta de la cocina.
-Eso ni se duda Max.-Respondió
Alice sonriente. Max era el típico empresario emprendedor, creativo y
espontáneo, con un gran sentido del humor y un amor ciego a su trabajo.
-Así me gusta Alice.-Dijo
mientras se subía la montura de las gafas negras con el dedo índice.- ¿Y tú
Abby?
-También me esforzaré.
-Genial. Si necesitáis algo ya
sabéis dónde estoy.-Señaló mientras se metía en la cocina de nuevo.
-Este hombre me puede…-Resopló
Abby.
-Por lo menos no es el típico
jefe baboso…
-Tienes razón. Supongo.
Y esa fue su última conversación
no profesional del día, ya que a partir de entonces comenzó a entrar gente a
raudales, produciendo dinero y haciendo que ambas chicas tuvieran que trabajar
duro hasta que se terminó su jornada.
-Mañana nos vemos Abby, ahora
tengo que irme a dar unas clases. Cuídate, ¿vale?-Dijo Alice mientras salía por
la puerta una vez acabada su jornada. Eran las dos y media y no la había dado
tiempo a comer antes de ir a dar unas clases a un niño de primero de secundaria
que había suspendido biología.
-¡Alice! ¡Alice!-Gritó una voz
alegre detrás suyo. Se giró y vio a su amiga Stella correr hacia ella.
-Hola Stella, ¿qué tal?
-Bien, ¿tú? ¿Ya has terminado tu
trabajo?
-No, ahora tengo que ir a dar
unas clases, ¿por?
-Ah, nada… Era por si querías
salir por ahí con nosotras. Hace mucho que no quedamos todas juntas.
-Lo sé Stella… Lo siento. Oye, te
llamaré más tarde, ahora tengo que irme o llegaré tarde ¿vale?
-Vale…-Dijo Stella resignada.
Alice la dio dos besos y salió corriendo por el paso de cebra en dirección a su
casa.
Stella se quedó ahí de pie, sin
saber qué hacer. Alice no era la misma de siempre, la conocía de sobra y de
haber sido la misma habría llegado tarde a sus clases simplemente para estar un
rato con ella, lo de Niall realmente la había cambiado.
-Se acabó.-Dijo en un susurro.
Giró sobre sus talones y se dirigió dando zancadas a la parada de bus más
cercana. Cogió la línea cinco y fue directa a casa de Niall, esto no podía
seguir así.
Cuando llegó aporreó varias veces
la puerta al no obtener respuesta al segundo timbrazo. Niall abrió la puerta de
mala gana en camiseta y calzoncillos.
-Hola Stella.-Dijo sorprendido
por esa repentina visita.
-¿Podemos hablar?
-Claro… Pasa.-Niall abrió la
puerta del todo y la hizo un gesto para que entrara.
-Esto no puede seguir así, tienes
que escucharla.
-¿Qué?
-Alice está fatal, no es la
misma. Hazla caso, te juro que…
-Stella.-La cortó.- No me
interesa lo más mínimo, ¿vale? Yo también estoy mal, ¿sabes? No tienes ni idea
de cómo me siento. Utilizado, humillado… Nunca me ha querido realmente.
-No tienes ni idea de lo que te
quiere.-Stella sacudió la cabeza a la vez que cruzaba los brazos sobre su
pecho.
-Y tú no tienes ni idea de lo que
la quiero…-Niall se sorprendió al decir eso, pero lo corrigió rápidamente con
un “la quería”.
-Reconócelo. Os morís el uno por
el otro.
-No es cierto, ella se muere por
otra persona.-Niall agachó la cabeza con resignación.
-Está claro que no vas a entrar
en razón.-Stella se dio la vuelta para irse, no sin antes añadir:
-Cuando te des cuenta de la
verdad, ya sabes dónde está.
Stella abrió la puerta y la cerró
de un portazo nada más salir, esa discusión había acabado, por ahora.
Cuando Stella se fue Niall se
sentó en el sofá. Tenía razón, la quería, pero no podía perdonarla lo que le
había hecho. Y en cuanto a Liam… No podía creérselo, engañado por uno de sus
mejores amigos, prácticamente su hermano. Le había robado a su novia, a Alice,
y eso sí que no iba a perdonárselo en la vida. En ese momento sonó el móvil, lo
cogió sin mirar quién le llamaba.
-¿Diga?
-Niall, tenemos que hablar.
-No quiero hablar Liam. Alice me
dejó muy claro lo que hay entre vosotros.
-Niall te juro que…-Antes de que
terminara la frase le colgó el teléfono y lo arrojó al sofá. Ahora sí que se
sentía como una mierda. Le dolía hacerle eso, pero le dolía aún más lo que le
habían hecho a él.
Se recostó en el sofá mientras el
teléfono volvía a sonar. No pensaba cogerlo, no iba a aguantar otro “tenemos
que hablar” de nadie. Lo apagó y se dio media vuelta en su sofá de cuero. Cerró
los ojos y procuró no pensar en el tema de Alice y Liam, realmente le dolía
pensar que sólo le había utilizado, que nunca le había querido de verdad… ¿O
sí? Al menos parecía quererle antes de que eso pasara. Todo el mundo decía que
realmente le quería como a su vida, ella misma lo dijo cuando estaban en la
playa pero, ¿de verdad podía creerla? Tal vez simplemente actuaba. Pero no, no
podía ser tan ruin, ella no era así. Se incorporó aún más confuso y hundió la
cabeza en las manos. ¿Qué debía hacer? ¿Tratar de hablar con ella o seguir
ignorando el tema como llevaba haciendo todo ese tiempo? Todo eso era ridículo,
era como si no la conociera cuando hacía unos pocos días era el amor de su
vida. Iba a terminar con tanta tontería, había tomado una decisión: hablaría
con ella, costase lo que costase.
***
Eran las doce del mediodía del
día siguiente cuando Alice entró en la cafetería para hacer su turno de día. Se
puso su delantal con pocos ánimos y se colocó detrás de la barra a la espera de
nuevos clientes a los que atender. La mañana transcurría monótona, parecía un
día tranquilo, no pasaba mucha gente y no había muchas cosas que hacer.
Estaba apoyada sobre su mano en
la barra cuando la puerta de la cafetería se abrió suavemente y un chico se
sentó frente a Alice. Llevaba gorro y gafas de sol, con una sudadera que le
cubría la mayor parte de su cuello y las mejillas, ligeramente coloradas.
-¿Qué desea tomar?-Preguntó Alice
alegremente.
-Un capuccino, sin azúcar, por
favor.
El chico levantó la cabeza al
terminar la frase, dejando ver unos cristalinos ojos azules a través de las
gafas y un mechón de su cabellera rubia,
oculta en el gorro.
-¿N-Niall?-Alice reculó
instintivamente mientras sus ojos escrutaban a ese “desconocido”.
-Hola Alice.-Dijo indiferente.
-¿Qué haces aquí?
-Me apetecía un café. Y
hablar.-Hizo una pausa para quitarse las gafas y el gorro y bajarse el cuello
de la sudadera.- Necesitamos hablar.
-FIN
DEL CAPÍTULO 32-
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