Niall cogió en volandas a Alice y
la llevó a su habitación. Se sentó en la cama con Alice sentada sobre él. Alice
empujó su pecho hasta que quedaron tumbados, con Niall debajo de ella.
-¿Estás segura?-Preguntó Niall
girando su cuerpo hasta quedar encima de ella. Alice asintió mientras volvía a
besarle. Sin apenas darse cuenta acabaron bajo las sábanas, besándose. Alice
enroscó sus manos en el cuello de Niall y le miró a los ojos.
-No tienes por qué hacerlo si no
quieres.-La susurró Niall pasando el dorso de la mano por su mejilla.
-No te preocupes por mí, estoy
segura de esto.
Niall alargó la mano hacia el
cajón de la mesilla y sacó un envoltorio plateado. Se colocó sobre Alice,
besándola, mientras enroscaba sus brazos alrededor de su espalda. Y así, sin
saber cómo ni por qué, pasó. Y fue la mejor noche de sus vidas.
***
Unos rayos de luz se filtraron a
través de las sábanas, despertando a Alice de su profundo sueño. Rodó sobre
ella misma y palpó el lado opuesto de la cama, buscando a Niall. Lo único que
encontró fue un gurruño de ropa y sábanas, que caían suavemente sobre el suelo.
Se incorporó y abrió poco a poco los ojos, escrutando la habitación. Estaba
completamente vacía, y sobre la mesilla había una nota firmada por Niall.
“Buenos días cariño, espero que
hayas dormido bien. He tenido que irme para preparar la boda, he dejado el
desayuno en la mesa de la cocina y las chicas van a venir a verte sobre las
doce y media. Espero no tardar mucho. Te quiero.”
Alice sonrió y bajó a la cocina
envuelta en las sábanas. Entró en la sala y sobre la mesa descubrió un plato
con varias tortitas apiladas, cubiertas con sirope y una taza de café. Se sentó
con cuidado en la mesa y comenzó a desayunar. Cuando terminó llamaron a la
puerta, eran las doce y cuarto, así que intuyó que eran las chicas.
Abrió la puerta envuelta en las
sábanas.
-¡Alice!-Gritaron Bea, Stella y
Laura la unísono, abrazando a su amiga.
-¡Chicas! Se suponía que veníais
en quince minutos.
-Se suponía.-Murmuró Laura.
-Nos hemos adelantado, pensamos
que era buena idea.-Añadió Stella.
-¿Qué tal ayer?-Preguntó Bea
guiñándola un ojo.
-Genial…-Musitó Alice agachando
la cabeza.
-Espera… No me digas que…-Laura
abrió los ojos y soltó un gritito.- ¡Por fin! ¿Cómo fue?
-¿Qué?-Dijo Alice, sorprendida.
-¿Lo habéis hecho?-Dijo Bea
tapándose la boca.
-Bueno, os relajáis, ni que
hubiese matado a alguien.-Resopló Alice.
-No pasa nada pero pensaba que
ibais a esperar a la noche de bodas…-Laura rodó los ojos.
-Dejadla en paz, se van a casar,
es normal que lo hagan.-Intervino Stella.
-Gracias Stella, alguien que me
comprende.
-Bueno, cambiando de tema,
vístete, tenemos que ir a por tu vestido, a elegir el peinado de la boda, las
flores…-Bea agarró la mano de Alice y la subió a la habitación para que se
vistiera.
Cuando se hubo arreglado salieron
por la puerta y fueron a comprar el vestido.
Entraron en una lujosa tienda
llena de vestidos de novia, zapatos, centros de flores y decoraciones nupciales.
En cuanto traspasaron la puerta una chica alta, rubia y con una gran sonrisa
salió a recibirlas.
-Buenos días, supongo que tú eres
Alice, ¿me equivoco?-Preguntó acercándose a ellas.
-Sí, doy yo, ¿cómo lo
sabe?-Respondió Alice sorprendida.
-Niall me lo contó, venid por
aquí, tengo unos vestidos seleccionados y luego pasaremos a mirar los centros
de flores.-La chica rubia hizo un gesto con la mano a las chicas para que
pasaran a una sala. Entraron en una habitación octogonal con centenares de
vestidos colgados alrededor de las paredes sobre percheros de aluminio dorado.
-Bien, señorita Alice, me he
tomado la libertad de escoger algunos vestidos, ¿quiere probárselos?-Preguntó
la chica acercándose a unas perchas y sacando cinco vestidos diferentes.
-Por favor, llámame Alice a
secas.-Dijo sonriente.
-Está bien Alice. Chicas, podéis
sentaros allí.-La rubia señaló un sofá crema que se encontraba entre dos percheros
dorados.
Las chicas se sentaron en el
sofá, mientras que Alice desaparecía con esos vestidos en el probador.
-¿Qué tal este?-Preguntó Alice
saliendo del probador embutida en un vestido blanco ajustado hasta las
rodillas, que se ensanchaba a partir de ahí, de palabra de honor y pequeños
brillantitos en la cintura.
Stella, Bea y Laura arrugaron la
nariz y sacudieron la cabeza.
-No me gusta.-Soltó Bea.
-No es… Tu estilo.-Corroboró
Stella.
-Pruébate otro, ese no te
favorece.-Finalizó Laura.
-La verdad es que a mí no me
gusta mucho…-Musitó la chica.
-Sí, será mejor que me pruebe
otro.
Alice volvió a ocultarse tras el
probador y, tras un par de minutos, salió de nuevo con un vestido blanco de tirantes
finos, con una pedrería azul a modo de cinturón a la altura de la cintura, y un
vuelo que caía en cascada y se ensanchaba hasta los pies.
-Es bonito pero…-Comenzó a decir
Stella.
-No, para nada, demasiado… Pijo.-La
interrumpió Bea.
-Pomposo diría yo.-Sentenció
Laura.
-Siguiente.-Bufó Alice,
metiéndose de nuevo en el probador.
Así, fue probándose vestido a
vestido, pero no encontró ninguno que le gustase de verdad. Salió del probador
desilusionada y pasó la mano por un perchero, rozando suavemente una tela de
raso transparente. Sacó esa tele del perchero, descubriendo un precioso vestido
blanco, de palabra de honor, liso hasta las caderas y cubierto de esa tela de
raso hasta los pies.
-Es… precioso.-Susurró Alice.- ¿Puedo
probármelo?
La chica rubia asintió, y Alice
se metió rápidamente en el probador. Cuando salió todas sonrieron. La quedaba
perfecto, se ajustaba perfectamente a su cuerpo y realzaba su tono de piel.
Alice estaba feliz por haber encontrado el vestido. Porque sabía que ese era su
vestido, y no iba a encontrar ningún otro.
***
Pasaron dos semanas y
los preparativos estaban más que listos y la boda se celebraría en un par de
días.
Un taxi se paró en
frente de la casa de Liam, y de él bajó Alice. Llamó al timbre, y esperó respuesta.
Liam la abrió con una
sonrisa, que medio desapareció al verla.
-Hola Liam, ¿cómo te va?
-Bien, gracias. Supongo
que tú estarán genial ¿no?
-¿Puedo pasar?
-Claro.-Liam hizo un
gesto para que pasara.
-Oye… Sabes que la boda
es en dos días y…
-Ya.-La cortó Liam.-No
me lo recuerdes.
-Oye, podrías dejarme
hablar.-Bufó Alice.
-Está bien.
-Como mi padre sigue en
Alemania y mi madre no va a poder venir a la boda… ¿Te gustaría ser mi padrino?
-¿Qué?-Preguntó con
incredulidad.
-¿No quieres?-Respondió
desilusionada.
-No, es sólo que… No
pensaba que me lo pedirías.-Liam se encogió de hombros.
-Pues ya lo estás viendo…
-Está bien.
-¿Qué?
-Que está bien, seré tu
padrino.
-Oh, ¡gracias Liam! En
serio, gracias.-Alice se tiró a su cuello y lo abrazó. Liam la rodeó con los
brazos.
-De nada Alice, será un
placer.-Susurró él, besándola la coronilla.
-FIN
DEL CAPÍTULO 36-
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