sábado, 14 de septiembre de 2013

-CAPÍTULO 37: SI NADA ES PARA SIEMPRE, QUISIERA SER TU NADA-




El vestido de Alice caía libre desde sus caderas, rozando suavemente el suelo de madera barnizada del apartamento de Niall.
-¿Qué tal te encuentras?-Paula retiró un mechón de pelo de la cara de Alice y lo sujetó con una horquilla.
-Nerviosa.-Musitó ella.
-Todo saldrá bien.
-No es por cómo va a salir.
-¿A qué te refieres?-Paula dejó caer sus brazos a los costados.
Alice se giró suavemente, su vestido se sacudió, creando pequeñas arrugas en la tela de raso.
-A todo esto. ¿Y si me estoy equivocando?
-Sigo sin entenderte.
-Siempre he querido casarme con él, y ahora que lo voy a hacer no paro de preguntarme por qué. ¿Por qué tan pronto? ¿Por qué todo esto? Por qué… Todo.-Alice agachó la cabeza mientras jugueteaba nerviosamente con un trozo de su velo.
-Eres tan mona…-Paula tomó una de sus manos y la miró a los ojos.- Son los nervios de la boda. Tú tranquila.
Alice sonrió, tal vez tuviera razón. Los dos días anteriores no había estado tan nerviosa como ahora, y siempre había querido casarse con él, lo había soñado miles de veces.
-Sí, serán los nervios.-Sacudió su melena rizada con la mano y rodó los ojos.
-Déjate el peinado, me ha costado horas hacerlo.
-Lo siento.
-Bueno… Ya estás.
Alice se giró hacia el espejo, un velo finísimo caía por detrás de su cabeza, cubriendo levemente sus gruesos tirabuzones. Un collar de plata con pequeños brillantitos azules colgaba de su cuello. Sus ojos, perfilados en negro y con una sombra azul celeste, brillaban de una manera especial. El vestido caía libre hasta rozar el suelo, pese a los tacones de quince centímetros que llevaba puestos.
-Vaya…-Susurró Alice mirando fijamente su reflejo.
-Estás preciosa. ¿Lista? –Paula posó una mano sobre su hombro y la sonrió.
-Claro, vamos.
Una pequeña limusina blanca estaba aparcada frente a la casa de Niall, con pequeñas flores blancas adornando sus retrovisores. Paula dio dos besos a Alice. La primera cogió el bolso de la novia,  y se encontró con Zayn, que había venido a recogerla. Se sumieron en un beso, y Zayn se dirigió hacia Alice. Llevaba puesto un traje negro, con la corbata roja, igual que el vestido de Paula, la abrazó, la deseó suerte y se reunió de nuevo con Paula, que ya estaba metida en el coche.
-Bueno, pues vamos allá –murmuró para sus adentros.
La limusina pasó a recoger a Liam antes de ir hacia la iglesia. Cuando subió, se le quedó la mente en blanco mirando a Alice.
-Hey, padrino.
-Ho…Hola. Estás… Guau.
-Sí, estoy, ¿y tú? Porque no lo parece.
Él se sonrió, y Alice no pudo evitar decir:
-Me gusta tu sonrisa.
Liam se puso serio de repente, y comenzó:
-Alice…
-Liam, escúchame. Me voy a casar con Niall. Nos queremos, y esto es lo mejor.
-Me parece estupendo, en serio, estáis hechos el uno para el otro. Pero nosotros también nos queremos, y tienes que volver a preguntarte si es lo mejor. Es decir, sois muy jóvenes.
-Liam…
-No, me toca hablar a mí. Sabes perfectamente lo que siento por ti, te daría el mundo solo por sacarte una sonrisa, tú sentiste algo más en ese beso, algo parecido a lo que yo sentí. Porque me quieres. No quieres asumirlo, porque estás con uno de mis amigos, pero cuando te aísles del mundo por un momento, y pienses en mí como pareja, te darás cuenta de que me quieres, y de que tú y yo estaríamos juntos para siempre, porque los cuentos de princesas, siempre acaban con un “fueron felices y comieron perdices”, y siendo tú una, así es como todo acabaría. Queriéndonos hasta el último día, la última hora, el último instante. Porque sé que sería así, Alice Novothy, porque me quieres, y te quiero.
-Liam…
-Que me dejes terminar –dijo, despacio-. Así que, sé que cuando digas el “sí quiero”, estaré en tu mente, por el beso, por ser yo, porque me quieres, Alice. Y eso no cambiará por mucho que Niall te bese, o por mucho que yo sonría al veros juntos. Nunca olvidarás lo que he significado para ti, al igual que yo jamás olvidaré cuánto te he querido, y cuánto te quiero. Pero aun así, cásate, disfruta con Nialler, bésale todas las mañanas, todas las tardes y todas las noches, haz lo que sea que hagan las personas casadas, tener hijitos e ir a la compra juntos. Compraros un perro Scotex, sé una de las “Proud girlfriends” de la banda, porque se lo merece, e intenta olvidar lo que significo para ti, y cuando no puedas, llámame. Siempre estaré ahí. Te esperaré, Alice.
-Liam, me toca hablar a mí.
-Dime –dijo, acercándose un poco a ella, estaban en frente. Por un momento, Alice se perdió en los ojos de Liam, que la miraban fijamente, y él, dándose cuenta, sonrió y desvió la vista.
-Liam. Sé perfectamente que estoy muy enamorada de ti –el chico volvió a mirarla-. Pero joder, mírame.
-Créeme, no te aparto la vista de encima.
-Cállate –dijo ella, bruscamente-. Lo sé, lo sé bien, he soñado contigo tantas veces… Con el beso, con cómo seríamos juntos, con muchas cosas que no voy a decir ahora mismo, pero Niall James Horan me espera en el altar, en quince minutos vamos a llegar a la iglesia, y no quiero arruinarlo, ¿vale? Es la única cosa en mi vida por la que he continuado, Liam. Le amo, le amo mucho, y no quiero cagarla. Porque me importa tanto…
-¿Y yo?
-Te quiero, Liam –dijo ella, sonriendo. Esa sonrisa que tanto le gustaba e él-. Te quiero mucho, ¿vale?
Ambos se callaron. Liam había vuelto a adoptar una postura cercana a ella, y la limusina, de repente, pegó un frenazo.
Alice dio con un tacón en la puerta, y ambos cayeron al suelo, uno de cada lado, Alice poco antes que Liam.
-Lo siento, yo…. –comenzó Alice, aunque no había hecho nada.
Liam la chistó y la puso dos dedos sobre los labios. Ella, confusa, enarcó una ceja, a lo que él respondió con un beso.
Un simple beso, sólo una rozadura de sus labios, lento y delicado, porque él temía que Alice le empujara.
Pero no.
Ambos, se separaron el uno del otro y se sentaron en uno de los asiento del vehículo, para continuar con el beso. Liam, con cuidado de no arrugar el vestido de ella, la puso delicadamente una mano en la cintura, y la otra en la nuca, a pesar de que seguía siendo un simple rozamiento de los labios. Hasta que Alice cogió el pelo de la nuca de Liam y le atrajo hacia ella. Liam se sorprendió, pero estaba feliz.
Sus lenguas se comunicaron por segunda vez en tanto tiempo, y Liam sonreía mientras Alice le besaba. Nunca había sido tan feliz. Alice le besaba con una pasión infrenable, y él la correspondía gustoso.
Pero, de pronto, Alice le empujó.
-No –dijo secamente.
-Lo sé.
-Dios.
-No pasa nada. Ha sido un simple beso.
-Liam, si no me llegó a estar clavando el cinturón, te habría desnudado aquí mismo.
-Uf, a ti hubiese sido más difícil.
-No bromeo joder, estoy con Niall. Me voy a casar con él en minutos, y voy y te beso.
-Te he besado yo.
-Y te odio por ello.
-Sabemos que no es verdad.
-Tío, en serio, vete a la mierda.
-Alice, lo siento, de verdad, muchísimo, pero no lo puedo evitar. Mi pensamiento se bloquea cuando te veo, te oigo y huelo el olor de tu perfume. No puedo pensar en nada que no sea en tenerte entre mis brazos.
-Eso no está bien. ¿Por qué no pruebas a salir… hum… con Stella?
-Porque te quiero a ti, maldita sea.
-Disculpen, hemos llegado –interrumpió el conductor abriendo la puerta.
Liam guiñó un ojo a Alice, ella se arregló el pintalabios y él salió del coche. La chica cogió su ramo de flores y salió tras él. La música comenzó a sonar, y ella se puso nerviosa. Tomó el brazo de Liam, temía desmayarse en cualquier momento. Todos se levantaron, veía miradas repletas de orgullo, risas, flashes, pero, cuando miró al frente, dejó de verlo y sentirlo todo.
Niall.
Ella sólo quería salir corriendo y besarle. Besarle y besarle hasta morir. Se olvidó de Liam, de Stella, de todos. Él con una corbata del color de sus ojos y un traje negro, excepto por el chaleco, del mismo color que la corbata, la miraba enamorado, con un brillo en los ojos que sólo Niall podía tener. Y él sólo quería salir corriendo y besarla. Besarla y besarla hasta morir.
Llegaron al altar, Niall la miró ilusionado. Alice miró a Niall, luego a Liam, luego a sus amigas, a los demás chicos, al cura… Y luego cerró los ojos. Confusión, de repente todo era confuso. Sus únicos pensamientos eran Liam, Niall, Liam, Niall… Era demasiado complicado, Liam tenía razón, ella estaba enamorada de él. Pero también lo estaba de Niall, y no podía elegir. El cura comenzó a recitar su sermón, y solo cuando éste la preguntó, “¿Aceptas ser la esposa de Niall James Horan Gallagher?” volvió a la realidad.
Niall la miraba con ilusión, Liam con decepción, los demás con expectación. Y ella lo único que quería hacer era correr, irse de allí, lejos, donde los problemas y sus propios pensamientos no pudieran alcanzarla.
-¿Alice?-El cura la miró, e hizo un gesto con la mano señalando a Niall.
-Yo… Esto…-Miró a su alrededor.- Lo siento, tengo que irme.
Dicho esto, se bajó de los tacones y, dejando a todos con la palabra en la boca, salió corriendo de la iglesia. Salió a la acera, corrió descalza y cruzó una calle. Estaba atacada, la cabeza la daba vueltas y su vista se iba nublando muy poco a poco, hasta que todo se volvió negro, entonces fue cuando sintió el impacto contra el suelo, y ya no recordó nada más.
***
Una luz blanca resplandecía en la habitación donde Alice estaba tumbada. Un electrocardiograma llevaba un seguimiento de los latidos se du corazón. Su precioso vestido había sido sustituido por una bata de hospital, y su peinado había desaparecido por completo. Una enfermera entró a la habitación seguido de un joven. Se sentó al lado de Alice, pero ésta no podía verle, pues no conseguía mantener los párpados abiertos.
-Hola Alice…-susurró el recién llegado.
-¿Ni-Niall?-Alice movió suavemente la mano hacia él.
-Sí, soy yo, ¿estás bien?
-Perfectamente.
-No lo parece.
-No hagas caso a los tubitos y el cacharro ese, no me pasa nada.
Hubo un silencio, lo bastante largo como para que Alice lograse abrir los ojos.
-¿Por qué lo hiciste?-Preguntó Niall, notablemente afligido. Sus ojos azules estaban aún más claros que nunca, y todavía llevaba el traje de la boda.
-No lo sé.-Susurró Alice, mirándolo a los ojos.
-¿No querías casarte conmigo? Podrías habérmelo dicho.
-No es eso.-Le cortó mientras agarraba su mano.-Por supuesto que quiero casarme contigo. Maldita sea, te amo, no pienses que voy a cambiar de idea respecto a mis sentimientos hacia ti.
-Entonces, ¿por qué te fuiste de la iglesia? ¿Por qué me dejaste plantado?
Alice se calló, mordiéndose el labio.
-Tengo miedo. Te mentiría si te dijera que no lo tengo porque no es verdad. No sé... No tengo ni la más remota idea de qué voy a hacer. Es decir, tengo 16 años, ¿qué haremos si nos cansamos el uno del otro? Puede que tú pudieses vivir sin mí, pero yo sin ti, muero. Y no quiero correr ese riesgo.
Niall la miró perplejo, debería haberse dado cuenta, pensó. Tomó la mano de Alice con más fuerza, y con la otra trazó una suave línea en su mejilla.
-Lo siento. Estaba tan convencido de esto que ni siquiera me paré a pensar si era lo mejor.
Lo mejor. El recuerdo de las palabras de Liam inundaron los pensamientos de Alice. Había pasado exactamente lo que él había dicho.
-Niall… Tengo que contarte una cosa.-Susurró ella.
-Claro, dime.
-Liam y yo… nos besamos en la limusina, fue un simple beso, pero también la razón de mi confusión. Sabes que le quiero, siempre os he querido a todos, pero sobre todo a ti. Y ése es el problema, que te quiero tanto que me da un miedo atroz perderte, y voy a acabar haciéndolo por estas tonterías.
Niall se quedó sin habla. Solo la miraba, mientras trataba de decir algo, pero sin conseguirlo.
-Niall… Lo siento mucho, joder, soy estúpida.
-No lo eres.-La cortó.-No digas eso. No es verdad.
-Sí lo es, si no fuera estúpida no habría dejado que Liam me besara, y menos aún habría correspondido a su beso.
-Eso no me importa Alice.-Niall se aproximó a ella.-Lo que importa es que te quiero, eso nunca va a cambiar. ¿Me oyes?
Alice sonrió, alargó la mano y la posó en la nuca de Niall.
-Te quiero.
-Y yo a ti. Y… si no estás preparada, nos casaremos más adelante, cuando tú quieras, puedo esperar, ¿y sabes por qué?
-Por qué.
-Porque lo nuestro es para siempre.
Alice rio.
-Niall, nada es para siempre.
Los ojos de Niall se achinaron cuando sonrió, se acercó más a ella y, susurrándola, la dijo:
-Pues, si nada es para siempre, quisiera ser tu nada.
-FIN DEL CAPÍTULO 37-

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